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Villa Traful -
Patagonia / Neuquén
Nota publicada en el diario La Nación
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Foto Alfredo Leiva
Villa Traful -
Patagonia / Neuquén
Azul Traful
Junto a un lago
encantado, una villa apacible es el punto de
partida para navegaciones, trekking, salidas de
pesca y, en muchos casos, también para comenzar
una nueva vida. Nada menos
VILLA TRAFUL.- Un remanso de
paz. Eso es lo que ofrece el
entorno natural perfectamente
cuidado de esta aldea de
montaña. Eso, además de una
serie de misteriosos atractivos,
incluyendo un bosque sumergido
en el lago.
Villa Traful es un pequeño
poblado con 500 habitantes. Está
enclavado en la ladera de una
montaña con vista panorámica
sobre el majestuoso lago
homónimo. Allí apenas hay señal
de celular; sólo existe un local
con Internet, y el día, en
general, se vive a otro ritmo,
un lugar ideal para conectarse
con la naturaleza y el alma.
La villa está situada a 100
kilómetros de Bariloche, desde
donde se llega bordeando los
ríos Limay y Traful, hasta que
se encajona en el balcón de una
montaña boscosa que tiene a sus
pies el lago que dio nombre a la
comunidad y que en la lengua
mapuche significa unión. El
turismo de verano es el
principal motor de la economía
local, que cada vez ofrece más
servicios de hosterías, cabañas,
campings, gastronomía y
actividades recreativas para
toda la familia.
El pintoresco muelle de
madera en la mitad del poblado
es el punto de encuentro para
iniciar cualquier recorrido, y
también una de las postales más
buscadas para llevar una imagen
del inmenso lago de aguas
cristalinas.
Ese lago tiene un atractivo
especial: un bosque de cipreses
sumergido que asoma a la
superficie en la margen norte,
en la costa frente al poblado,
donde hace unos 100 años se
desprendió el faldeo del cerro
Bayo, con añosos árboles de más
de 20 metros que aún se
mantienen con el tronco erguido,
pero desde lo más profundo del
agua.
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Se pueden ver desde la
superficie en una embarcación
por la transparencia del agua.
Guías locales ofrecen paseos de
dos horas en botes descubiertos
por $ 100 para adultos y $ 50
para niños. También es posible
bucear entre estos extraños
árboles, pero en la villa
turística no se ofrecen salidas
de este tipo, sólo el traslado.
El tour náutico avanza hasta
un sector de grutas naturales de
origen glaciario sobre una pared
externa a la costa del lago,
donde algún devoto colocó una
estatuilla de la Virgen Stella
Maris, patrona de los
pescadores, en gratitud por
haberse salvado y refugiado en
esta gruta cuando una tormenta
lo sorprendió en plena
navegación.
Cambio
de clima
Estas vueltas por el lago son
una de las principales
propuestas de un grupo de guías
que trabaja desde 2004 en la
zona con el nombre de Eco Traful.
En el grupo están Néstor Ruso
Grez y su mujer, Gabriela Canale,
que llegó una vez como turista y
se quedó para compartir la vida
en esta aldea de montaña. "Lo
que me cautivó fue la
combinación del entorno natural
con las actividades de todo
tipo", cuenta Gabriela, que
orienta a los turistas en su
local del centro del pueblo.
La mayor parte del turismo
que llega son familias, aunque
en los últimos años muchos
jóvenes aprovechan también la
creciente oferta de campings
para instalarse unos días en
medio del circuito de Siete
Lagos.
Un defensor del camping como
buena opción para el contacto
con la naturaleza es José
Lostalo, que hace cinco años
decidió dejar su atareada vida
en Buenos Aires para instalarse
en plan de relax en un predio
boscoso en pendiente que desde
cada ángulo tiene como principal
vista el majestuoso lago Traful.
José decidió continuar su
vida allí y abrir un camping
modelo con todos los servicios.
"Un lugar impoluto y el lago más
oxigenado de esta zona", dice.
Su camping, El Mirador del
Traful, está ubicado 2
kilómetros antes de llegar al
poblado, sobre la ruta 65, desde
donde llaman la atención unas
carpas con forma de cabaña, pero
de lona que diseñó y patentó
José hace tres años. Las llamó
dormi tent, un espacio
recubierto en lona, con piso de
madera y alfombra, calefacción
con placa de ecosol y luz por
fotocélula, que tiene un comedor
con mesa y sillas de madera, más
dos habitaciones con capacidad
para cuatro personas.
Los dormis son ideales para
los días de lluvia, ya que es
necesario mantenerse en un lugar
seco y cálido. La tarifa es de $
70 por persona, mientras que
llevar la carpa propia e
instalarse en una de las 70
parcelas del predio cuesta $ 35.
El predio, de doce hectáreas,
conserva los árboles en total
plenitud; tiene una ladera por
donde se puede ascender y llegar
a la cascada del arroyo La
Máquina, y a 600 metros de
altura una granja de pobladores
antiguos.
En total, hay más de seis
campings, más agrestes o con más
instalaciones, y se llenan de
acampantes en enero.
Por si
las moscas
Traful también es punto de
encuentro de pescadores. Tiene
un atractivo especial para los
anglers porque en las
frías aguas de su lago y en ríos
de la zona hay una especie única
de salmón.
Silvio Balmaceda es desde
hace 29 años instructor de pesca
con mosca. Cada verano llega
desde San Rafael, Mendoza, en
busca de regocijo personal y
laboral. "La pesca acá tiene un
valor único por el salmón
encerrado de estas aguas, un pez
que ingresó hace más de cien
años, que se adaptó bien al
lugar y tiene un atractivo
deportivo particular porque da
buena pelea en el momento de ser
capturado."
El salmón está totalmente
protegido y su captura, vedada.
Por eso, cada pescador debe
tomar conciencia de su valor y
devolverlo al agua.
Mientras habla, Silvio
prepara moscas. Porque además de
ser un amante de la pesca, de
enseñar y trabajar en esta
actividad, es diseñador de
moscas, que realiza de manera
artesanal. Asegura que vende
unos 10.000 ejemplares al año
con el sello Traful.
La técnica de pesca con mosca
se enseña por $ 100 la hora en
el césped del centro del pueblo,
y después en coordinación con
los guías de la zona se realizan
salidas por el lago, el río
Traful y los arroyos pequeños ($
400).
Las
Mellizas
También se pueden hacer
salidas combinadas con trekking
y paseo lacustre, y en algunos
casos, además, pesca. Un sitio
ideal son las lagunas llamadas
Las Mellizas, compuestas por la
laguna Verde y la Azul, hasta
donde se llega después de cruzar
el lago y realizar un trekking
de 12 kilómetros. En este sitio,
bordeando una de las lagunas, se
llega a un alero rocoso donde se
pueden observar diversas
pinturas rupestres realizadas
por tehuelches hace más de 600
años.
Esa actividad tiene un costo
de $ 140 por persona (hay
descuentos para menores) y ocupa
casi todo el día, si se lleva
una vianda para almorzar en una
zona de veranada.
Dentro de la pequeña
localidad también se ofrecen
caminatas de fácil acceso (30
minutos desde la Pampa de los
Alamos), que proponen en un
corto trayecto un sendero
rodeado de coihues que culmina
su tramo en un enorme mirador
hacia la cascada Coa-Có, un
imponente salto de agua en medio
de una formación rocosa, desde
donde se puede continuar por un
paseo hacia la cascada Arroyo
Blanco, ubicada en otro extremo.
En un circuito más alejado,
en el paraje Cuyín Manzano, se
pueden observar los enormes
cóndores que vigilan la
Cordillera, que tienen un
dormidero sobre una formación de
origen volcánico.
Por Soledad Maradona
Para LA NACION
Noticias de
Turismo
Publicado
en edición impresa del diario La Nación
Domingo 17 de enero de 2010.
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Patagonia / NeuquénAzul Traful Junto a un lago encantado, una villa apacible es el punto de partida para navegaciones, trekking, salidas de pesca y, en muchos casos, también para comenzar una nueva vida. Nada menos |
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